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  1. Acostúmbrate a tomar consciencia de tu postura. Si al principio se te olvida, ponte alarmas para recordártelo, o una pulsera o alguna señal de recordatorio. Establece pequeños momentos de toma de consciencia para pararte a mirar cómo está tu cuerpo. ¿Sientes algo en tu ropa que te apriete? ¿Sientes comodidad en tu postura corporal? ¿Notas tensión en tu mandíbula, en tu espalda, en tu nuca, en tu frente? Aprovecha para quitar tensión muscular y re-colocarte en una postura más cómoda y adecuada para tu bienestar. Recuerda que concentración no es sinónimo de tensión, ni una posición incómoda mejora tu eficacia, sino todo lo contrario. Tu bienestar aumenta tu capacidad de rendir, y también influye positivamente en el tiempo que podrás mantenerte en un nivel alto de atención y eficiencia. Por otro lado, tus dolores de espalda, cabeza o piernas se reducirán por la noche si cuidas estos aspectos, lo que facilitará tu salud, tu descanso y sueño y, en definitiva, tu bienestar.

  2. Abandona la falsa creencia de que hacer una pausa para descansar es perder el tiempo. Todos necesitamos descansar, y más vale establecer de forma casi obligada pequeñas pausas de 5/10 minutos que acumular cansancio y acabar rindiendo de forma decreciente.

  3. Haz pausas de calidad. Una pausa fumando en una escalera, de pie, con el móvil mirando el whatsapp y la cabeza agachada mirando la pantalla curvando tu columna no es lo que yo llamaría una pausa de calidad precisamente. Una pausa de calidad implica descansar por un momento el cuerpo, la mente, los sentidos… y conectar contigo, con cómo estás, con tus necesidades físicas de temperatura, de apetito… con tus necesidades emocionales de explicar algo, resolver una preocupación, tomar una decisión importante, recuperar la paz interna…

  4. Agua, respiración y alimentación. No digo nada que no sea de sentido común, pero a veces las cosas más evidentes las olvidamos. Hidrátate y ve comiendo, cuidando esa compleja máquina que es tu cuerpo, que eres el encargado de cuidarla y mantenerla bien. La respiración puede ser superficial y profunda, y normalmente cuando estamos estresados es superficial, con lo cual es clave que establezcamos períodos para recuperar una respiración más profunda. Recordemos que un ser humano puede aguantar varios días sin comer, apenas unas horas sin agua, y apenas unos segundos sin respirar. Esto ayuda a dimensionar hasta qué punto es una necesidad vital de gran importancia. Respirar también es nutrirnos.

  5. Queda un aspecto más de nuestra nutrición: los pensamientos. Uno puede elegir qué inputs exteriores quiere tragarse, y qué quiere hacer con ellos. En el día a día recibimos mails, comentarios, gestos, noticias… mucha información que nos viene de fuera y que necesitamos aprender a procesar a nuestro favor. El pensamiento positivo nos enseña cómo hacerlo: centrando la atención en lo que está en nuestra mano, y haciendo foco en lo que queremos en vez de hacer hincapié en lo que no nos gusta o nos da miedo. La mente, como un músculo, necesita ser entrenada para que aprenda a ser positiva y a hacernos sentir cada vez mejor.

 

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