aceptar

A veces nos empeñamos en proyectar en las otras personas una idea de lo que nosotros pensamos, sentimos o intuimos que podrían ser, y recurrimos a frases como “en el fondo…”, “si no fuera por…” para justificar que no se comportan como supuestamente afirmamos que son. A veces nos apegamos a una creencia sobre los demás o nosotros mismos, y ello nos impide ver lo que tenemos delante, las elecciones que los demás han tomado y no queremos aceptar; o las que hemos tomado nosotros y preferimos negar.

A menudo nos tomamos a nosotros mismos demasiado en serio, y dejamos que el miedo nos impida disfrutar, vivir, actuar, hacer lo que queremos. No me refiero aquí al miedo a algo externo, como podría ser el miedo a que suceda algo malo. Hablo del miedo de uno mismo, el miedo a esa parte de nosotros que no hemos aceptado. El psicólogo Carl Jung lo llamaba la sombra, y en términos de coaching se suele hablar de saboteadores, esas partes de nosotros que nos impiden hacer lo que queremos, pero en definitiva, por mucho que no nos gusten o no representen lo que queremos ser realmente, no por ello dejan de formar parte de quienes somos, al menos en el momento presente.

«La sombra es…aquella personalidad oculta, reprimida, casi siempre de valor inferior y culpable que extiende sus últimas ramificaciones hasta el reino de los presentimientos animales y abarca, así, todo el aspecto histórico del inconsciente…Si hasta el presente se era de la opinión de que la sombra humana es la fuente de todo mal, ahora se puede descubrir en una investigación más precisa que en el hombre inconsciente justamente la sombra no sólo consiste en tendencias moralmente desechables, sino que muestra también una serie de cualidades buenas, a saber, instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc.».

C. G. Jung, Aion, 1951, pág. 379 y s.

Hay una película llamada “El efecto de la sombra” que plantea una metáfora muy gráfica para entender el problema de la negación de esa parte de nosotros que no nos gusta y no queremos ser: imagina a una persona en una piscina con varias pelotas, intentando hundirlas, esconderlas. Necesita hacer mucha fuerza y estar pendiente continuamente de que no se vayan afuera. Cuanto más las hunde, con más fuerza salen al final, y es inevitable que tarde o temprano fallen las fuerzas y alguna se escape.

Uno ya sabe cuando se compra un gran coche que tendrá un caro mantenimiento, y que tiene riesgo de descontrolar su velocidad por su suave suspensión, y con ello acabar en accidente. Pero lo que no tendría sentido sería comprar un automóvil de ensueño y dejarlo aparcado en el garaje por miedo a chocarlo. A veces hacemos eso mismo con nuestro potencial, precisamente por el miedo a esa parte menos positiva de nosotros, que muchas veces va unida al potencial, y solamente aprendemos a equilibrarlas si aceptamos el conjunto.

“A más grande el barco, más fuerte la tormenta“. Proverbio portugués

Jean Paul Sartre, filósofo y escritor francés que bebió de la fenomenología de Husserl y del existencialismo de Heidegger, acuñó el término “mala fe”. No se refiere al uso jurídico romano de la palabra, sino a lo siguiente: el intelectual parisino explicaba que la “mala fe” serían las estrategias que utilizamos los seres humanos cuando negamos nuestra libertad, algo que nos permite librarnos de la responsabilidad. Sartre afirmaba que “el hombre está condenado a ser libre”, es decir, que por mucho que queramos huir de ser libres y responsables, lo somos de hecho. Elegimos incluso cuando no queremos tomar una decisión. Sartre diferencia entre la mentira a secas, aquella que uno dice a otros y es consciente de que está mintiendo, y la que se hace a sí mismo, cuando se auto-engaña. (Leer “El ser y la nada” Sartre)

Ya los clásicos se preguntaban si estamos condenados a un destino que no podemos controlar o si somos libres, algo que también se pregunta el que no sabe si realmente los pobres pueden volverse ricos, el que nace sin talento puede potenciarlo o aquél que ha cometido un error puede transformarse y mejorar como persona. Según muchos autores de la antigua tragedia griega, este destino nos obligaba y eso es lo que le llevó a Edipo Rey a acabar por cumplir la profecía, a pesar de haber intentado evitarlo. Pero no pensaban igual muchos filósofos de la Antigüedad, como es el caso de los pensadores estoicos, que consideraban que a pesar de que muchas cosas no podemos controlarlas, sí que podemos elegir el modo en que vivimos y nos sentimos frente a unas circunstancias.

En los últimos años han proliferado muchas teorías y personas que dicen ser expertos en felicidad y pensamiento positivo que apuestan por un optimismo que consiste en pensar que controlamos absolutamente todo con nuestra mente, lo que sería el extremo opuesto al determinismo que explicábamos antes. Es decir, que según esta teoría, sólo con pensar en positivo tendríamos todo lo que queremos.

El punto medio es justamente la clase de optimismo que propongo aquí, un optimismo que no es ciego sino que se basa en la responsabilidad, o lo que algunos ya empiezan a denominar “optimismo inteligente”, y que es una postura intermedia, un equilibrio entre ser positivos y aceptar lo que no podemos controlar, algo similar a la postura de estoicos como Séneca u otros filósofos antiguos como Epicteto. Éste último decía que “para alcanzar la libertad sólo hay un camino: el desprecio de las cosas que no dependen de nosotros.”

Pensamiento positivo responsable, o algunos lo llaman optimismo inteligente, significa saber que la vida no es perfecta y que nosotros, ninguno de nosotros, somos perfectos ni lo seremos, pero se acepta y al mismo tiempo se propone mejorar cada día y tener una actitud positiva ante las circunstancias. La diferencia fundamental con el optimismo del avestruz, es que este optimismo responsable no se basa en expectativas, sino en la realidad presente. El pensamiento positivo responsable no busca tanto centrarse en lo que sí le gusta y distraerse huyendo, sino convertir todo lo que hay en oportunidad de aprendizaje, crecimiento, riqueza.

“Sí, elegí al doctor maduro y descontento, rodeado de amigos y colmado de honestas esperanzas. Renuncié a la libertad, a la juventud, a los impulsos violentos, y a los múltiples y oscuros placeres que disfrutaba bajo el disfraz de Hyde. Sin embargo, creo que elegí con inconscientes reservas, porque no prescindí de la casa del Soho, ni destruí las ropas de Edward Hyde, que continuaron colgadas en el interior de su armario.

“Durante dos meses permanecí fiel a mi determinación. Llevé una vida más severa que nunca, y disfruté de las compensaciones que da una conciencia tranquila. No obstante, con el tiempo, empecé a olvidar los temores y me canse de las alabanzas que me dedicaba aquella conciencia satisfecha. Deseos y anhelos principiaron a torturarme, como si dentro de mí Hyde luchara por escapar. Finalmente, en un instante de debilidad, cedí. Mezclé e ingerí de nuevo la droga.” El extraño caso del doctor Jekyll y Mister Hyde”, R L Stevenson

La única manera de ser lo que somos es aceptarnos y aceptar a los otros. Cuando aceptamos a las otras personas, ideologías, cosas… e incluso, aunque nos pudiera costar, aceptamos la posibilidad de que algo de ellos esté dentro de nosotros (porque todos formamos parte de un todo único) aunque no nos guste, entonces automáticamente podemos elegir ser lo que más queremos ser -dentro de todo lo que somos- y así, ver en los demás y en el mundo lo que más “se parece” a lo que hemos elegido; entonces podemos ser felices desde lo que somos. Es necesaria una “libertad de” para tener una “libertad para”. Y ese “de” se llama miedo…

Acepta tu sombra y sólo así podrás crecer y mejorar como persona

La aceptación es siempre necesaria para que haya cambio, porque sin ella, es imposible poner soluciones, porque no se detecta ni asume el problema. No hay solución si primero no hay problema, pero el problema no desaparece aunque no lo miremos, porque no solamente somos nuestra parte racional y consciente, sino que también tenemos una parte inconsciente. Del mismo modo, no somos seres aislados, sino sociales por naturaleza, como decía Aristóteles. Por tanto, pretender dejar de ver un problema como forma de solucionarlo es un error que sólo lo pospone y aumenta con el paso del tiempo. Frente a esta actitud, la aceptación permite pasar a cambiar y mejorar en aquello que uno quiere hacerlo.

Hay decisiones dolorosas, pero más doloroso es no tomarlas

Tenemos mucho brillo dentro de nosotros que necesita ser pulido, y si por miedo a molestar, a no agradar, a destacar demasiado, a equivocarnos, a sentir dolor… dejamos de sacar lo más auténtico de nosotros, estaremos desaprovechando nuestro talento, nuestro tiempo, nuestra fuerza, nuestra mejor aportación y nuestra mayor felicidad… en definitiva, estaremos sacrificando la propia vida por miedo.

AGRADECIMIENTOS ESPECIALES A…

Jesús Ranchal Sirvent, por aportar una vez más su fantástica locución al Pozo de Tales.

RECOMENDACIONES

  • Doctor Jeckyll y Mr Hyde, RL Stevenson
  • El Ser y y la Nada, Sartre

CRÉDITOS MUSICALES DEL PODCAST EL POZO DE TALES (música libre de derechos extraída de Musopen.org)

  • Dos leyendas, segunda parte de la Predicación a los pájaros de san Francisco de Asís, de Franz Liszt
  • Sonatina in C, Op. 36 no. 1, de Muzio Clementi
  • Sonata para piano a cuatro manos en C mayor, por W.A.Mozart
  • Semper Fidelis, de John Philip Sousa
  • Variations on a french nursery theme K 265 Mozart
  • Suite española Op. 47 Leyenda, de Albéniz

OTROS CRÉDITOS:

  • IMAGEN: propiedad y creación de la autora del blog

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