creencias-limitantes

Hay algunas veces que, en vez de tener un criterio propio, actuamos con piloto automático a partir de creencias aprendidas, de ideas que escuchamos en la radio, en el autobús, en una película… o que nos dijeron cuando éramos niños, por ejemplo. Algunas de estas ideas que tenemos, ni siquiera somos conscientes de que las tenemos, y por eso, si queremos liderar nuestra mente, será necesario pararse a mirar qué creencias tenemos asentadas de forma inconsciente, y si éstas nos representan y benefician, o por el contrario, están poniendo palos en las ruedas de nuestro desarrollo personal.

En Coaching solemos diferenciar entre creencias limitantes y creencias potenciadoras.

  • Creencias limitantes son aquellas que nos perjudican y dificultan el crecimiento personal.

Por ejemplo, has decidido apuntarte a clases de inglés para mejorar el idioma, pero cada vez que tienes una duda en clase, te viene el pensamiento siguiente: “hablo con un acento muy malo, mejor no pregunto, que sonará fatal mi inglés”. Así que, en vez de preguntar y aprender, que es el objetivo por el que te apuntaste, callas por no quedar mal, y dejas que una creencia sobre ti mismo que te limita decida por ti y afecte a tu vida y tus acciones.

  • Creencias potenciadoras son las que nos ayudan a sacar lo mejor de nosotros. Podemos recordar algunas que tengamos que nos ayuden, o crear nuevas.

Por ejemplo, en el caso de las clases de inglés, una creencia potenciadora que podría ayudar a sustituir la limitante anterior, podría ser decirse  a uno mismo: “puedo hacerlo”, o bien “nadie nació sabiendo” o “la primera pirámide se calló”. Otras frases potentes pueden ser “el que no arriesga no gana” o “todo parece imposible hasta que se hace” (ésta es de Mandela).

La manera de saber si una creencia es potente o no lo es, no es tanto mirando si lo que afirma es deseable. Por ejemplo, no es potenciadora la creencia “puedo andar” en un abuelo que está en silla de ruedas, sino que más bien es una fantasía que si no pasa de un juego divertido, no hay problema, pero si se hace alguna expectativa de ello, puede ser muy doloroso y frustrante para el que lo afirme. Por tanto, no es el contenido de la creencia lo que marca que sea positiva y potenciadora, sino lo que nos hace sentir. Por tanto, para examinar qué creencias nos ayudan y cuáles no, necesitamos mirar el impacto que tienen en nuestras emociones y en nuestra vida: las creencias potenciadoras nos hacen sentir bien, animados, y nos empujan a la acción. Las creencias limitantes, por el contrario, nos suponen un peso, nos debilitan y nos paralizan.

Ocurre que a veces, además, tenemos creencias falsas acerca de nuestras propias creencias, es decir, por ejemplo, creemos que nos gusta algo y en realidad esto no es así, pero llevamos tantos años diciéndolo que nos hemos creído que es verdad. Un ejercicio interesante es pararse a cuestionar las afirmaciones que hacemos sobre nosotros mismos, ante desconocidos que nos presentan, o ante un amigo que nos llama por teléfono, etc. Por ejemplo, ¿quizá cuando eras pequeño te decían en casa que eras torpe, o que cantabas mal, o que eras muy divertido, y con el paso de los años has dado por hecho que es así? Y si te paras a cuestionarlo, puede ser que te liberes de algunas limitaciones que has puesto a tu bienestar y desarrollo.

Aquí tienes algunos vídeos que pueden motivarte e inspirarte a pensar en positivo

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