La confianza nace y se rompe cuando nosotros lo elegimos, y sólo cuando asumimos esa responsabilidad podemos encontrar la paz

La confianza nace y se rompe cuando nosotros lo elegimos, y sólo cuando asumimos esa responsabilidad podemos encontrar la paz

Las noches de domingo en Filocoaching ahora vienen con la nueva sección “El pozo de Tales”, un podcast de Coaching y Filosofía para aportar reflexiones para la vida diaria. ¡Espero que os guste, os inspire y os sea útil! ¡Espero también vuestros comentarios!…

Dicen que la confianza es como los ahorros: tardamos mucho en acumularlos, y sin embargo, a veces vuelan en un santiamén. ¿Realmente se desmorona la confianza en un segundo, o cuando esto pasa, ya algo se había ido rompiendo pero no éramos conscientes o preferíamos no verlo? Para poder saber por qué termina la confianza, es necesario primero aclarar cuál es su origen y cómo se crea la confianza. En mi opinión, no hay una verdad absoluta sobre su origen, sino que depende de la elección de cada persona.

La confianza es una elección, y hay personas que eligen aplicar el “in dubio pro reo” (ante la duda, a favor del reo), es decir, que de entrada parten de confiar en todo el mundo, mientras no se demuestre lo contrario. Hay otras personas, u otras etapas de la vida (muchas veces motivadas por experiencias negativas) en que se parte de la desconfianza: la persona siente que no puede fiarse de nadie, a no ser que se lo demuestren.

¿Te has preguntado cuál es tu caso? ¿En este momento de tu vida, confías de antemano o partes de la desconfianza? Hay quien podría decir: “yo no hago ni una cosa ni la otra, soy neutro”. Pero creo que la neutralidad sólo puede aplicarse cuando tenemos alguna clase de información, es decir, que partimos de cero y si nos enteramos de un dato negativo, nos inclinamos hacia un lado, y con uno positivo nos inclinamos hacia el otro lado. Pero cuando no tenemos ninguna información, es cuando necesitamos hacer una apuesta, tomar una elección no basada en los hechos sino en nuestro criterio subjetivo. Con todo, creo que para entender mejor la confianza, es necesario diferenciar tipos o aspectos de la misma:

  • La confianza en uno mismo
    • Confiar en la propia percepción de las cosas
    • Confiar en las decisiones que tomamos
    • Confiar en nuestras emociones
    • Confiar en el cuerpo
    • Confiar en nuestras capacidades
  • La confianza en la vida
  • La confianza en las relaciones. Hay unas bases mínimas sobre las que se asienta toda relación de confianza, y como la propia expresión indica, al ser una relación, es bilateral, y está condicionada por las partes que forman la relación. Cuando una de las dos partes cuestiona, la relación misma está en cuestionamiento, ya sea en una relación de pareja, como de amistad o laboral.
    • La confianza en los amigos, hermanos y familia
    • La confianza en los colaboradores o en el jefe
    • La confianza en nuestros conciudadanos, vecinos, conocidos, banquero, médico, cura, cliente…
  • La confianza en el propio país, en la posibilidad de mejorar las cosas, en el sistema político, financiero…

Hay muchos ámbitos donde se desarrolla y pierde la confianza, pero todos ellos nacen de la misma base: la elección personal y la toma de responsabilidad. Podemos confiar en una pareja y que nos traicionen, o delegar en nuestro equipo de trabajo y que no hagan su tarea como esperábamos. Podemos depositar nuestros ahorros en un banco y sentir que nos estafan, o contar con un amigo y que nos falle. Todo ello es posible, pero es precisamente parte del riesgo de confiar, porque sin riesgo, no se puede hablar de auténtica confianza, sino de otra cosa, como podría ser una obligación o un contrato. En la misma esencia de la confianza está el hecho de que puede quebrarse, pero por esta razón, la clave no creo que esté en aprender a evitar traiciones, porque son parte de la vida, y nunca podremos garantizarlas al cien por cien si creemos en la libertad de las personas.

Aquí pongo algunas claves de la confianza sobre las que reflexionar:

  1. No saques conclusiones absolutas de un hecho particular, ni en una dirección ni en otra.
  2. Distingue entre culpa y responsabilidad
  3. Aprende a diferenciar el hecho de la persona
  4. Establece tus “pilares infranqueables” y tu “umbral de confianza”
  5. Céntrate en lo que sí está en tu mano
  6. No pretendas controlarlo todo
  7. Diferencia entre probabilidad y posibilidad de que algo suceda
  8. Acepta la incertidumbre y la perfección como parte de la vida

La clave, por tanto, de la confianza, está en si nace de una apuesta o una expectativa. Por ejemplo, supongamos que decido confiar en que mañana hará sol. Si al día siguiente me despierto y está nublado, vuelvo a tomar una elección: si quiero esperar que mañana haga sol o esperar que mañana esté nublado. Cada día puedo elegir en quién y en qué confío, y cada persona tiene el poder de decidir dónde está su “umbral de confianza”. Precisamente porque somos los que elegimos hasta dónde y hasta cuándo y en quién confiar, somos los responsables de hacerlo cuando lo hacemos, asumiendo que ni yo ni ninguna persona es infalible.

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