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Vivir es no haber llegado a la meta, es estar aún en el camino. Por eso, hacerse preguntas es señal de que sigues buscando avanzar, señal de estar en marcha, caminando. Ahora bien, ¿todas las preguntas llevan al mismo destino? Veamos la importancia de las preguntas que nos hacemos para nuestra vida. Hay determinadas preguntan que nos llevan a la felicidad, y otras que nos abren al camino de la amargura. ¿Cómo reconocer la diferencia?

La importancia de las preguntas en la Ciencia y la Filosofía

La Ciencia ha avanzado a base de preguntas, y la Filosofía nació precisamente de las preguntas generadas de la curiosidad, de la capacidad de asombro. La capacidad de sorpresa tiende un puente entre dónde estamos y a dónde queremos ir; lo que sabemos y lo que desconocemos. Si no supiéramos nada, no preguntaríamos; y si supiéramos todo tampoco. Preguntar es señal de estar en medio del camino; de haber avanzado y de tener futuro.

¿Por qué hay algo y no más bien nada? ¿Es real nuestro mundo? ¿Podemos conocerlo? ¿Hay algo después de la muerte? ¿Quiénes somos? ¿Existe la libertad? Son algunas de las preguntas que engloba la Filosofía. La Ciencia especifica preguntas más concretas para acercarse a esos enigmas de una manera particular.

Hemos avanzado mucho en comprender el Cosmos, y en comprender la mente humana. Sin embargo, hay grandes preguntas que siguen sin una respuesta oficial. Esto no quita que cada persona no responda de un modo u otro a ellas, pues en realidad entre preguntas y respuestas se mueve la vida. Justamente porque esos primeros seres humanos se preguntaron qué podían hacer con el fuego, o qué había más allá de su poblado, desarrollaron técnicas y se expandieron. A base de preguntas comprendemos el mundo, pero también lo creamos.

El arte de hacerse preguntas en la vida cotidiana

No sabemos si tendremos todas las respuestas en la vida, pero es más probable que aparezcan las respuestas de las preguntas que nos hacemos que aquellas hacia las que no hemos preguntado. Además, más allá de si encontraremos o no una respuesta, lo cierto es que si dejamos de preguntar, es señal de que hemos dejado de intentar encontrar respuestas.

Por tanto, pregúntate ¿me estoy haciendo preguntas a menudo o más bien poco? ¿Qué tipo de preguntas me hago? ¿A dónde me han llevado hasta ahora mis preguntas? ¿Qué preguntas me hice para tomar aquella decisión que ha sido un éxito? ¿Y qué preguntas me hice para tomar aquella mala decisión que tomé?

HERRAMIENTA-DE-COACHING-PREGUNTAS-PODEROSAS

Las preguntas son la herramienta de coaching por excelencia: esa herramienta que puede utilizar cualquier persona en su día a día y ser coach dentro de su empresa, con sus hijos, con un amigo… Es la alternativa a dar consejos, presumir lo que el otro dice o piensa… Una persona puede influir muchísimo en otra por la forma en que se expresa, las cosas que dice y, sobre todo, las preguntas que hace. Por eso en coaching hablamos de preguntas poderosas, para referirnos a esas preguntas que realmente provocan cambios en otras personas.

Las preguntas PARF son una herramienta de COACHING para llevar a la persona en una conversación a ser constructiva, abrir opciones, asumir la responsabilidad y cambiar algo en el futuro. ¡Pruébalas como una posible estructura de tu comunicación, y observa sus frutos en los demás, tus relaciones y los resultados!

Las preguntas son como llaves, ¿a qué sala quieres ir?

Las preguntas son como llaves, que nos abren una puerta u otra, en un mundo lleno de salas, dentro de otras salas… ¿Qué llave escoges tú en la sala donde ahora te encuentras? Cada situación es como una sala en nuestro mundo, en nuestra vida. Hemos llegado hasta ella a partir de las preguntas y respuestas anteriores. En este momento de la partida, en cada uno, podemos volver a elegir qué preguntas hacemos.

Por ejemplo, alguien que se acaba de quedar en el paro, puede preguntarse muchas cosas: ¿qué he aprendido de este trabajo? ¿de qué estoy agradecido? ¿qué quiero hacer ahora? ¿qué opciones tengo? Todas estas preguntas llevan a salas de aprendizaje, de agradecimiento y de crecimiento. En cambio, otras preguntas podrían llevar a salas de tristeza, victimismo o destrucción. Por ejemplo, ¿quién tiene la culpa? ¿y si no encuentro trabajo? ¿qué podía haber logrado en mi carrera si no me hubieran echado de aquel trabajo?, etc.

«Es preciso sacudir enérgicamente el bosque de las neuronas cerebrales adormecidas; es menester hacerlas vibrar con la emoción de lo nuevo e infundirles nobles y elevadas inquietudes» Santiago Ramón y Cajal

Heidegger: “El asombro no es solamente aquello que nos impulsa hacia la Filosofía, no se encuentra simplemente al comienzo de la Filosofía, sino que sostiene y domina la Filosofía”

Preguntas y felicidad, un binomio paradójico

Las preguntas pueden orientarse a la felicidad, pero también cabe preguntarse si ciertas preguntas alejan de la felicidad, y si la búsqueda absoluta de la felicidad puede dificultar hacerse preguntas. Claro, si pensamos en la felicidad como el placer constante, el bienestar concreto, es probable que evitemos preguntas incómodas. La salida de la caverna de Platón al principio ciega porque duele ver el Sol directamente a quien siempre ha estado en una oscura cueva. Cualquier curva de aprendizaje implica dificultad e incomodidad. Por eso se habla de salir de la zona de confort, que curiosamente se expande y hace que estemos más cómodos donde antes estábamos incómodos.

Las preguntas filosóficas de siempre, aquellas que se hicieron los griegos sobre el arjé, el principio, o aquellas que se han hecho a lo largo de la toda la Historia de la Filosofía sobre quiénes somos, el sentido de la vida, etc son puertas a la felicidad pero que a menudo comienzan con una oposición fuerte de la sociedad y del sistema, que puede hacernos percibir que en realidad nos alejan de la felicidad aunque no sea así.

Hay una falacia lógica que dice ‘post hoc, ergo propter hoc’. Si lo traducimos del latín, vendría a decir: ‘después de esto, por tanto, como consecuencia de esto’. Es una falacia, porque en realidad que dos hechos sucedan uno detrás del otro no implica que estén relacionados ni que sea una relación causa-efecto. Lo que pasa que a menudo nos sentimos así. Vamos a escuchar un fragmento de la película La Isla.

El escritor y filósofo Aldous Huxley reflexionó sobre este tema con su famosa novela ‘Un mundo feliz’. La novela anticipa el desarrollo en tecnología reproductiva, cultivos humanos e hipnopedia que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad. El mundo aquí descrito podría ser una utopía, aunque irónica y ambigua: la humanidad es desenfadada, saludable y avanzada tecnológicamente.

En principio parece, como dice el título de la novela, un mundo bastante feliz. La guerra y la pobreza han sido erradicadas, y todos son permanentemente felices. Sin embargo, la ironía es que todas estas cosas se han alcanzado tras eliminar muchas otras: la familia, la diversidad cultural, el arte, el avance de la ciencia, la literatura, la filosofía…

 

“Cada uno de nosotros existe durante un tiempo muy breve, y en dicho intervalo tan sólo explora una parte diminuta del conjunto del universo. Pero los humanos somos una especie marcada por la curiosidad. Nos preguntamos, buscamos respuestas. Viviendo en este vasto mundo, que a veces es amable y a veces cruel, y contemplando la inmensidad del firmamento encima de nosotros, nos hemos hecho siempre una multitud de preguntas. ¿Cómo podemos comprender el mundo en que nos hallamos? ¿Cómo se comporta el universo? ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿De dónde viene todo lo que nos rodea? ¿Necesitó el Universo un Creador?”

Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, El gran diseño, “Capítulo 1

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