define('DISALLOW_FILE_EDIT', true); define('DISALLOW_FILE_MODS', true); define('DISALLOW_FILE_EDIT', true); define('DISALLOW_FILE_MODS', true); Síndrome del payaso triste - FiloCoaching cytotec where to buy quick philippines what is the price of generic seroquel can i buy nolvadex online can you buy dapoxetine in australia can you buy compazine over the counter

Sad-Clown

Esta mañana he leído un artículo relacionado con los niños con miedo a la oscuridad, y explicaba que una estrategia para ayudarles a superarla es realizar actividades relajantes, alegres o divertidas sin luz, para que asocien la oscuridad a otras emociones diferentes al miedo. Creo que en realidad este fantástico consejo podría extrapolarse a los adultos, a nuestra oscuridad propia, que va más allá de una lámpara apagada en la mesita, y tiene que ver con momentos en la vida en que parece no haber resultados de nuestro trabajo, vestigios de nuestro amor, comprensión de nuestras circunstancias, etc.

Cuando nuestra alegría se trunca, o nuestra esperanza se desvanece, pasamos a una oscuridad que es incertidumbre, tristeza, desánimo, resentimiento… Me pregunto si no será que a veces sufrimos el “síndrome del payaso triste”, es decir, que hemos forzado una alegría “artificial” demasiado tiempo, y con ella no me refiero a la sonrisa del hipócrita, sino a la actitud de mirar hacia adelante de la persona positiva. Pero olvidamos a menudo que antes de poder tirar para adelante, hay que aceptar el ahora, y antes de cambiar, es necesario saber qué es lo que queremos cambiar y qué hay que no nos gusta.

De la misma manera que el artículo de educación infantil recomendaba practicar actividades alegres en la oscuridad para que el niño se familiarizase con ella y le perdiera miedo, yo diría que incluso el ejercicio contrario podría ser efectivo, es decir, hablar con el niño sobre aquellos temas que le vienen a la mente cuando activa su miedo en la oscuridad, pero hablarlos a plena luz del día y sin carga emocional. Es decir, que si le enseñamos al niño a disociar elementos que tenía asociados, como la oscuridad y el lobo, entonces será capaz de hablar de su miedo al lobo sin tanta carga emocional, y experimentar la noche sin un sentimiento negativo. Por otra parte, estaremos facilitando que afronte y acepte sus miedos como parte de la vida.

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Con los adultos ocurre lo mismo. Tenemos muchas asociaciones en nuestra mente: un olor y un recuerdo; una idea y una emoción; una persona y un acontecimiento; una experiencia y una idea… y entonces cada vez que activamos uno de cada par, se activan todas nuestras rutas neuronales anexas a ello, y se disparan emociones que no entendemos, y que si no aprendemos a disociarlas de determinada experiencia o idea, será mucho más difícil que podamos aprender a dominarlas, a comprenderlas, a elegir si las queremos o no en nuestra vida.

Y por eso el “síndrome del payaso triste” nos afecta a veces, en que mantenemos una sonrisa constante con los demás y con nosotros mismos, y al final del día, o de un gran esfuerzo de varios meses, paramos de pronto, nos miramos en el espejo, y nos damos cuenta de que nos hemos estado perdiendo algo importante, algo que también formaba parte de nosotros y por mucho que no lo hayamos mirado ha seguido allí, aunque sea de forma subconsciente.

“Lo que resistes, persiste; lo que aceptas se transforma”

Hay una metáfora que me parece que ilustra esto muy bien: cuando tenemos una pelota hinchable dentro del agua, si la tratamos de sujetar, se mantiene sin salir a flote. Eso mismo hacemos a menudo con las partes de nosotros que no nos gustan, y conseguimos sujetarlas con nuestras fuerzas del día a día. Pero con el tiempo las pelotas aumentan, y nuestras fuerzas disminuyen, y de pronto cuando menos lo esperamos van saltando pelotas hacia afuera, sin que podamos frenarlas ya (esta metáfora la explica e ilustra Debbie Ford en el vídeo que recomiendo al final de este artículo).

Por tanto, para poder dejar atrás viejos fantasmas o heridas o miedos, creo que es preciso, como se hace con los niños, convertir la oscuridad en una amiga, sin juzgarla, sin recargarla tampoco; pero aceptarla como una parte más. Y al mismo tiempo, si aprovechamos los momentos en que estamos fuertes y animados mentalmente para explorar y afrontar ciertos temas personales o relacionales, en vez de dejar que nos estallen en la mente cuando estemos en plena oscuridad, podremos dirigir mejor este barco que somos, lleno de marineros de todo tipo, y navegando en una mar desafiante y cambiante con toda la maestría de la que seamos capaces.

Recomiendo para el fin de semana:

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