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El mundo actual evoluciona a pasos de gigante. Todos somos como niños al volante en esta nueva era tecnológica, que cada día abre nuevas ventanas, nuevos mundos por descubrir. Las relaciones personales, el mundo laboral, la vida social, el estilo de vida… todo ello no es ajeno a estos cambios; y cada uno de esos aspectos de nuestra vida está sufriendo una fuerte alteración a partir de los cambios y la revolución digital.

Como señalaba Luis Piñero en el grupo de Facebook, “la tecnología nos está permitiendo tener: tanto la información como las personas a un solo click, es decir más cerca que nunca. La pregunta es: ¿está sirviendo para algo?” y yo añadiría ¿cómo encontrar un equilibrio entre lo que ganamos y lo que estamos perdiendo?

Necesitamos aprender a manejarnos en este nuevo entorno, y si tomamos esta firme decisión de aprender, combinando la prudencia de quien sabe que no sabe y la valentía de quien no se conforma con no saber, evitaremos cometer dos posibles graves errores:

  • Quedarnos atrasados, en la estacada, con miedo a los cambios, al progreso, al no-control…cerrados en casa sin la libertad que supone conducir, viajar, moverse, explorar…
  • Lanzarnos inconsciente sin criterio a un mundo complejo y gigante donde nos perderemos, o tendremos un accidente, ¡como quien no sabe conducir y se lanza de forma temeraria!

Desafíos que nos plantea la tecnología: cambios de paradigma

La naturaleza de la tecnología tiene una velocidad determinada, distinta a la velocidad de la naturaleza física. Nosotros somos seres físicos, con unos ritmos orgánicos propios de nuestro entorno natural, sin embargo, también somos la especie que ha creado la tecnología. Hemos desarrollado inteligencia artificial, una suma de cerebros globales que trabajan de forma inteligente y conjunta y conforman Internet.

Como Humanidad, somos ambas cosas, pero lo cierto es como individuos, solo unos pocos han desarrollado dichos avances; el resto solo somos hijos del mismo tiempo histórico. Con varios ciclos generacionales, los niños del futuro ya tendrán una naturaleza mucho más adecuada para convivir en un entorno físico y un entorno virtual al mismo tiempo, ¿pero nosotros?

¿Cómo afrontar esta situación de transición? Algunos se sumergen en ella sin analizar sus riesgos, otros se resisten con fuerza sin aprovechar sus beneficios. El hecho es que las últimas décadas han demostrado que el cambio es inevitable. Sí, podría haber una tormenta solar que acabase con la electricidad y volviéramos a la Edad Media, pero parece que lo más probable es que todo esto no haya hecho más que empezar.

Esto tiene varias consecuencias:

1. Desequilibrios o descuido de la parte natural física

Aristóteles en su “Ética a Nicómaco” hablaba del punto medio entre el temerario y el temeroso, entre el imprudente y el miedoso.

Nos planteamos unas cuantas preguntas, difíciles de responder:

  • el tiempo que dedicamos a las redes sociales en detrimento del contacto físico con las personas o la calidad de nuestro trabajo
  • la información que queremos publicar y la que decidimos mantener en la privacidad
  • la forma en que nos relacionamos con el mercado si utilizamos las redes como medio de difusión de un negocio
  • la forma en que tratamos la propiedad intelectual propia y ajena
  • Son muchos los temas que necesitamos analizar, comprender, conocer y tomar una decisión al respecto.

No es fácil, pero será necesario elegir cómo combinar estos elementos, como personas y como sociedad. De lo contrario, el precio que podríamos pagar sería desaprovechar las ventajas que esta herramienta nos ofrece, o todo lo contrario, que nos pase lo que comentaba Núria en el grupo: “todo lo que no crecemos por el tiempo y sosiego que nos roba la tecnología a veces…”

La foto que he elegido para este tema es una imagen donde se ve una mano humana dando un apretón a una mano robótica. Esta idea me inspira, me hace pensar en la posibilidad de entender a la tecnología como una ampliación de la vida humana, parte de la evolución. Ahora ya no evolucionamos solamente en cuanto a facultades individuales, sino como grupo global, mundial.

Como Jamón Serrano comentaba en el grupo de Facebook, “la tecnología es una herramienta”. Todo depende del uso que le demos nosotros. Si consideramos a la tecnología una aliada, sin perder de vista quiénes somos y qué queremos, ¿por qué no va a funcionar?

2. Reducción del desarrollo de ciertas habilidades en favor de otras nuevas

Constantemente salen comentarios de psiquiatras y pensadores en contra de la tecnología actual, por el daño que ocasiona en la educación, el desarrollo cognitivo, etc. Sin duda es un asunto complicado, sin precedentes históricos, y eso teniendo en cuenta que la educación nunca ha sido un tema sencillo.

¿Cómo aprovechar los beneficios de la tecnología sin que perjudique? ¿Se trata de cantidad, de tipos de actividades, de edades, de personas…? ¿Hay algún riesgo en no unirse al carro de estos avances y quedarse sin recursos para el mundo que viene? ¿Qué habilidades serán más necesarias dentro de 20, 50 o 100 años y cuáles se pueden conservar incluso en un mundo lleno de ordenadores y teléfonos inteligentes?

No tengo clara la respuesta sobre este asunto, pero pienso que quizá en cierta medida todo pase por un cierto equilibrio, y que los cambios sean progresivos a nivel individual y social, para una mejor adaptación. Por último, que no nos distraigamos de nuestros fines, de lo que queremos: felicidad y no perder funcionalidad.

3. Cambio de percepción acerca de la vida, el tiempo, el espacio, la identidad…

Ya no vemos el mundo de la misma manera; ha cambiado radicalmente la forma en que percibimos las relaciones humanas, el trabajo, la adquisición de información, el espacio entre países, la propia identidad

En concreto, en relación a la identidad, lo que más ha influido ha sido el surgimiento de las Redes Sociales. Por supuesto que siempre había existido la sociedad como entorno en el que proyectamos una imagen, pero a día de hoy se hace aún más tangible porque esa imagen se queda fijada en un perfil de Instagram, en unos textos y fotos que elegimos mostrar como ejemplificación de lo que somos, hacemos, pensamos, queremos… En este sentido me gustaría reflexionar sobre la aportación sociológica del filósofo Erving Goffman, que se puede trasladar perfectamente a las redes sociales.

RECOMENDACIONES Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Alan Turing: El hombre que sabía demasiado, de David Leavitt
  • La presentación de la persona en la vida cotidiana, Erving Goffman
  • Película: Yo Robot

CRÉDITOS MUSICALES DEL PODCAST EL POZO DE TALES (música libre de derechos extraída de Musopen.org)

  • Semper Fidelis, de John Philip Sousa
  • Concierto de Brandenburgo nº 3 en Do mayor, de Bach
  • Cycling Trivialities, con José González & The Göteborg String Theory

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